domingo, septiembre 14, 2008

Escritores para niños y diversidad

ESCRITORES  PARA NIÑOS Y DIVERSIDAD

 

Todavía es un misterio para mí el que ahora esté tan de lleno en la literatura infantil. Yo, que he escrito las escenas más adultas y adúlteras, que no tuve hijos, que no fui una lectora infantil. Y sin embargo las vueltas de la vida con sus torcidas más intensas, los sobrinos e hijos de mis amigos,  el gozo que hay dentro de esos libros,  quizá el destino, me trajeron de volada a estos parajes. De hecho, el propósito de este viaje  es escribir  un cuento de esa naturaleza titulado El teléfono rojo, parte  de un proyecto mayor Botón silencio, cuentos para niños de las cosas que no se hablan y que tomará (probablemente) los próximos dos años de mi vida.

   El día que llegué al Centro Anderson avisaron que durante mi estancia tendrían lugar dos ferias  de mi interés: la novena celebración  de autores e ilustradores  para niños de Minnesota: una de las tres ocasiones   al año que el lugar se abre al público en general; y la feria de arte para  la diversidad en parque central. ¿Así o más clarito quiero que me hable la vida?

   Que el tema que me ocupa sea la enfermedad  (aquí es parte de este grupo  llamado diversidad porque incluye ciegos, enanos,  minusválidos niños sin hogar y con cáncer) me sorprende menos porque El primo Javier, alias Morir de amor, fue la primera novela publicada en México sobre sida (ejem, ejem) y la ponencia con la que fui a Leeds se llamó El imaginario de la enfermedad en las escritoras nacidas en los 60; eso más las historias familiares que siempre ayudan. Así que aquí,  en PuebloQuieto donde aparentemente no sucede nada, la vida me  regaló dos festivales  muy importantes para mi trabajo. 

   Días antes  de la feria de libros para niños que sería  el  Anderson Center,  mi casa en Minnesota, el centro adoptó el aire  previo a una boda: las  sillas cambiaron de disposición,  carpas aparecieron en el jardín,   mesas para  autores y  editoriales ocuparon la galería,  señalizaciones por doquier.  El sábado en la mañana había ruido desde temprano: llegaron  los cuenta cuentos, las asociaciones, los globos, las mesas de manualidades, los muñecos de trapo, el músico con su banjo (es la primera vez que escucho en vivo y en directo ese instrumento), los autores, los ilustradores y montonales de niños.  ¿De dónde salió toda esta gente si PuebloQuieto es también Pueblopequeño?   La feria es la más importante de estado, explicaron, y la gente viaja para venir a ella.

   En un lugar sucedían las conferencias de ilustradores, en otro la de los autores y en la torre se contaban cuentos. Organicé mis visitas de acuerdo con las recomendaciones de Robert, el fundador del centro, aunque tenía ganas de subirme a los zancos,  pintármela cara, aplaudirle al mago,  hacer un dibujo  con tinta en los dedos,  jugar a las canicas, pero me porté como escritora que soy y fui a ver los libros,  a presentarme  con colegas, a recoger las mayor información posible. Qué maravilla conocer el proceso de quienes hacen las imágenes de una historia que no es suya, cuyo autor el 99% de las veces no conocen, y de la que también serán creadores.  Si un libro con puro texto tarda en editarse, un libro con imágenes tarda el doble o el triple, y es que son dos libros en uno y tres procesos creativos que incluye el de editarlos. Qué sorpresa escuchar a los autores y sus retos de escritura, la concisión y la poesía, el sentido del humor en casi todos. Los escuchas éramos adultos pero sobre todo niños boquiabiertos.  Lo que me sucede con los textos infantiles, más que con otro género, es que las historias me dejan en un estado de dicha frágil, conmovida, abierta. 

    La feria de diversidad incluía todo aquello que no es oficial, blanco y mayoritario.  Así que había mesas de artistas, homosexuales, derechos humanos, distintos credos,   apoyo a  madres adolescentes, a jóvenes con depresión. Ahí supe que es más probable que en Estados Unidos un menor de 18 años muera por suicidio que por homicidio y otras cifras alarmantes que evidencian la falta de sustancia y exceso de aderezo de este pueblo.    

  De ambas ferias  salí entusiasmada, inspirada, agradecida por las sincronías y con ellas, lista para seguir trabajando en lo que todavía es un misterio que salga de mis manos.

 

Pd,  las crónicas anteriores a ésta están en el blog de www.edmeepardo.com

 

 

1 comentario:

NS dijo...

Mis te extraño.
Nuria