martes, agosto 28, 2007

Puertas abiertas

Puertas abiertas

 

El año pasado vine de visita a esta casa sin saber que hoy estaría habitándola –comentó la mujer mientras terminaba de  darle orden a la  sala--, ni yo misma sé bien cuál es la dinámica  --explicó ante mis preguntas.

   Fue el día  que  Banff  abre las puertas de sus casas con valor histórico al público; sucede una vez al año y  el objetivo es  identificar, proteger y preservar la identidad  del pueblo.    

  La cita  fue a la una de la tarde en el Bison Courtyard, el edificio más nuevo, eco sustentable y multipremiado, llamado así porque durante su construcción  fueron halladas dos cabezas de búfalo para las que uno de los mayores de los Stoney (la tribu que habitaba aquí antes  que los indios vivieran en las reservas) hizo una ceremonia con pipa y todo para honrar al espíritu del animal. Ahí entregaron mapa y volantes informativos.

   En total 21 lugares conforman la identidad  cultural de Banff: tres museos (el de fauna hecho de animales disecados;  el de las naciones Búfalo; y el de arte contemporáneo);  tres  iglesias (presbiteriana, anglicana y católica); la cabaña que fue el primer periódico y hoy la oficina del centro Bannf; el majestuoso hotel Fairmont –al momento de construirse fue el hotel más grande del mundo--, un castillo  de 770 habitaciones, 10 restaurantes  y un Spa que un día de estos iré a visitar;  el cementerio; la cueva  (el primer  brote de agua sulfurosa que descubrieron  hace más de 100 años y que es el núcleo del parque);  la góndola (un paseo por funicular que ofrece  una vista panorámica  del sitio); el Bison Courtyard; y nueve casas privadas que fueron las primeras construcciones del lugar.

    Lo más importante de ese día era visitar las casas que sólo abren sus puertas una vez al año. Así que a la una de la tarde en punto estaba en fila para  recibir indicaciones: el paseo es individual y en determinados puntos hay pláticas  explicando  lo notable del sitio. Así fue como me enteré de la historia, incluidos los tanques de recolección de agua, las compostas y las celdas solares del mismísimo  Bison Courtyard.

     Fui la primera en  llegar a la Cabaña del Castor, así se llama la casa, construida en 1914, y  agarré a la señora sacudiendo el sillón y cerrando cuartos. Abrió dos habitaciones al público, la sala y  el comedor, y no estaba muy segura de las horas a seguir.

   --Pero usted ya con esto se da cuenta de cómo eran las paredes y el tamaño de las habitaciones –concluyó al tiempo que me daba un volante.

    Eché  un vistazo rápido y  salí. Las otras  residencias, unas ya hechas museos, algunas  deshabitadas, otra es un bed and breakfast, eran lo mismo: casas habitación de los fundadores del pueblo construidas en la primera década del siglo veinte, con objetos de  colección (platos, libros, trofeos de cacería, elementos nativos).  Nada espectacular pero que en conjunto dan  una idea  del pueblo que es Bannf: un sitio de pioneros en medio de montañas preciosas.  

   Aunque 21 localidades  suenen muchas pueden conocerse en menos de un día porque el lugar es pequeño --el centro tiene 14 calles,  su población total es de siete mil habitantes-  y su historia joven. En 1880, durante la construcción del tren se encontraron con brotes de aguas sulfurosas que declararon como reserva. El sitio se llamó Bannf como apócope de Banffshire,  Escocia, de donde el dueño de los ferrocarriles era originario, y fue el primer parque nacional de Canadá. Dicen que la relación  de los fundadores con las antiguas naciones fue amistosa,  cosa  que dudo  porque no se ve ni medio indio en la calle ni queda nada vivo, salvo el museo y la artesanía vendida a precio de joyería,  de esa cultura. En 1985 lo ONU lo declaró patrimonio de la humanidad y por ello, por ejemplo, el número de casas está limitado y nadie que no sea residente puede tener una propiedad.  Los ambientalistas temen que si crece mucho la población se afecten de manera negativa la flora y la fauna.

     Un aspecto notable del tamaño de la población es que ningún edificio rebasa los tres pisos y eso le da una dimensión  humana. No me empequeñezco  como en las ciudades grandes donde todo es escala  macro y el hombre termina siendo una enano en comparación a la altura de los edificios, el ancho de las avenidas.  Aquí todo mundo existe en la calle: las personas, los alces, los venados. Las montañas no se han convertido es cerros habitables de concreto, son antiguos y sabios seres majestuosos que protegen de los vientos. No dejo de sorprenderme que el peatón sea más importante que el auto.

    Bannf es básicamente un pueblo turístico, el más importante de la zona y eso explica lo ridículamente caro de los precios y las cincuenta tiendas en donde  venden alces, mocasines, alces, atrapa sueños, alces, joyería aborigen, joyería con amolita (la piedra local), osos, lobos, focas, alces (de piedra, de juguete, de peluche, de madera, en pintura y llaveros) suéteres de mayor a menor grosor, alces,  dulces y miel de maple, equipo para esquiar y montaña ¿dije alces? Pero lo más importante no es el pueblo sino la región, las montañas y la fauna,  y esa es otra historia que contar.

 

 

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