martes, agosto 28, 2007

Oso de pelcuhe

 

El oso de peluche

 

A veces me caigo bien por ser tan curiosa, me gusta averiguar y según yo medio entender el panorama; otras no porque no me dejo en paz ni a sol ni a sombra. Pero así soy, de mi natural fisgona, a veces hasta imprudente, y poco puedo hacer  en contra de eso a pesar de que me esmero. La pregunta de la otra tarde era referente al oso, ¿por  qué si se le teme tanto, es un animal agresivo que ha cobrado la vida de muchos,  hay una fascinación por el oso de peluche? 

   Nada más tierno que un osito:  hablo desde los de peluche,  pasando por winnie poo,  el oso yogui,  hasta  la historia de ricitos de oro. En los motivos para infantes es un icono repetido hasta el cansancio  Y en contaste no hay animal más feroz en las montañas.   Aquí la conciencia de compartir el mismo territorio hace que se le piense en el aspecto real: las cajas recolectoras de basura  son de metal y su tapadera tiene un mecanismo a prueba de osos; cada vez hay menos animales que cazar en  el bosque y la basura es comida fácil para ellos. Se trata de mantenerlos salvajes y a los humanos lo más a salvo posible. La otra noche circuló la noticia de un osezno de un año que deambulaba por la ciudad de Cannmore (a veinte minutos de Banff), la policía tardó cinco horas en  sedarlo, capturarlo, y meterlo a una camioneta que lo  regresaría a su hábitat. Al ver las imágenes era fácil conmoverse ante su gracia para moverse, en lugar de temer al animal salvaje de 200 kilos que andaba en el jardín de algunos.

   ¿He visto a un oso de verdad?  Creo que sí pero no estoy segura, tan integrado lo tengo en el imaginario que dudo; más bien no, a qué hora, nunca.  He observado  osos polares en una triste alberca en el zoológico de la ciudad de México.  Pero a un oso grizzly creo que sólo lo conozco a través de la pantalla.   Qué criatura tan lejana y cercana al mismo tiempo. Me impresiona que  osos y hombres, ambos detractores del otro hayan aprendido a compartir espacio sin que la presencia del posible enemigo  los amenace. Qué gran misterio para mí que ni siquiera sé vivir  cerca de los fantasmas que me amenazan.

    La historia  del oso de peluche tiene apenas cien años y viene de dos lados. Por uno, el entonces presidente de Estados Unidos, Teodore Roosvelt hizo un viaje  de cacería a  Mississippi y al no encontrar osos qué cazar le consiguieron un osezno para que le disparara.  El presidente se rehusó y una caricatura política eternizó el momento. Pronto empezaron a  hacer reproducciones del oso del presidente Teodore, Teddy para los cuates, teddy bears en resumidas.  Con esta acción, política no comercial,  se  promulgó la ley de reserva y protección a ciertas zonas forestales y con ello se iniciaron los grandes parques naturales en Estados Unidos. Se trataba de querer y cuidar a los osos en lugar de matarlos.

    Por otra parte en Alemania y Suiza el oso es la identidad de las ciudades de Berlín y Berna y una viejita minusválida se ganaba la vida haciendo osos suaves  de juguete. Cuando fue la segunda guerra mundial, Alemania dejó de producir osos y  creció la gran industria del oso de peluche en América del norte que ha llevado a los niños japoneses y africanos  a querer un osito de peluche  en su cama.   

   En esta averiguación encontré que hay coleccionistas, museos (uno en Inglaterra y otro en Florida), subastas, y de marcas a marcas de Teddy bears.  Especificaciones si son para niños (sin costuras y con ojos ultra reforzados)  o de colección para adultos que no siguen las normas de seguridad.  

     Me detengo en una tienda, toco los osos de peluche, mis manos se alegran con el tacto. Qué ganas de ver uno de verdad. Qué miedo. Me pregunto qué conjuro tendré que hacer  para que las fieras animales que me  habitan  se conviertan en pequeños muñecos suaves que me endulcen la vida.

 

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