lunes, agosto 13, 2007

Mi mejor amiga

 

 

Mi mejor amiga

 

Cuando me dijeron las condiciones de la estancia en el Centro Bannf  de las artes en Canadá las acepté sin  reparo. ¿Qué se puede alegar  en contra de lo que es regalo? Más bien agradecer, aunque no me encantara la idea de compartir cuarto por dos meses con quién sabe quién. Decidí, sin pensarlo dos veces, que fuera quien fuera mi camarada sería mi mejor amiga. No sólo compartiríamos espacio y algunas veces  ungüentos para la belleza sino nuestras vidas y confidencias. No es que me haga falta una amiga, la vida es generosísima conmigo en cuestión de amistad,  pero otra nunca sobra.  Hecha a la idea seguí con los trámites necesarios: documentos, firmas, requisitos. Casi me infarto cuando vi que el seguro médico que pedían tenía que ser de  quinientos mil dólares, yo que  me siento muy cómoda con el mío de  cincuenta mil para incidentes en el extranjero. Luego de cotejar  notificaron que el FONCA cubría el seguro  y que si quería podían asignarme un cuarto para mi solita.  Cuánto  gusto me dieron las dos noticias. Mi estancia incluye avión,  habitación, estudio, un paquete para comidas, acceso a las instalaciones deportivas y a algunos espectáculos culturales.  Las amistades, entonces, correrían por mi cuenta.

    Cuando me registré  di una tarjeta de crédito como  respaldo  para mis gastos, misma que no pensaba usar pues según yo  todo estaba incluido,  pero cuál va siendo mi sorpresa cuando  al segundo día llega una factura  por mil quinientos dólares por mi habitación individual. Me la podían dar pero con un cargo extra. Ah, dije en perfecto inglés, y como es un trámite que pasa por el gobierno y las estancias de cultura imposible  cancelarlo. Ajá.

    En cuánto a la comida resulta que tengo un presupuesto de 15 dólares diarios,  lo que me alcanza para desayuno y almuerzo o cena. Con ese dinero no puedo hacer tres alimentos al día,  digo, tampoco es que me hagan falta.  La idea es que use la cocineta que está en el estudio y ahí  me prepare algo  en mis horas de encierro, previo abastecimiento en el supermercado de la ciudad que sale de mi cartera. Cocinar me encanta pero se me frunce el entrecejo de pensar en lavar los trastes, no me gusta mojarme la manos.  Eso o meterle 15 dólares al día, extras, por mi otro alimento,  que irían a  la cuenta que sustituye a mi amiga.

      Con respecto a la ropa  ofrecen un servicio de lavandería que me sale igual comprar una blusa  nueva o mandarla lavar tres veces. Así que opto por  usar las lavadoras y secadoras que hay en el sótano del edifico donde vivo, lo cual no es ningún problema. Lo de la planchada me hace extrañar a Lola, la señora que trabaja en mi casa, y me ha obligado a  pasarme una tarde viendo la tele mientras desarrugo mis blusas. Encontré una canal de lo más entretenido que se llama “aboroginal people televisión network”. La valoración a las primeras naciones,  modo políticamente correcto de decirle a los indios, (supongo que un poco por culpa y otro por respeto), es muy notoria.   .

     Los espectáculos  a los que puedo asistir en calidad de artista, miembro de la comunidad, son los que tienen un corazoncito  señalado. Por los otros puedo pagar con descuento de estudiante y  acumular el costo  a la amistosa cuenta. La mayoría son conciertos y si quisiera todas las noches podría asistir a uno.

    Eso sí, el uso de la alberca y el gimnasio  que visito casi a diario están incluidos de manera gratuita.  Total que nunca pensé que lo que dicen los anuncios fuera cierto: a veces la tarjeta de crédito puede ser tu mejor amiga.

 

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