miércoles, agosto 29, 2007

La ignorancia

 

 

La ignorancia

 

Hablo de la mía, de la de quién más. El asunto duele porque en general me siento medianamente  lista y culta, claro que tengo días buenos y otros no tanto, pero aquí casi sólo hay  días de los no tanto. Me explico.

  Ya algo se atisbaba la tarde de mi llegada, casi como oráculo, cuando vi ese animal  más grande que un caballo, que es un elk pero que no alcancé a comprender en español. La cosa se puso peor  tratando de  ubicar quién es quién en la fauna local  con los nombres en inglés, francés y alguno nativo. Ahora  no sólo no alcanzo a traducir su apelativo, mucho menos a distinguirlos, no digamos a saber alguna de sus particularidades a mí que los hábitos de los animales interesan tanto.

    Aquí va un ejemplo. Tengo claro que todos los que mencionaré a continuación  son  de la familia de los cérvidos, lo cual, al  menos a mí, no  dice mucho cuando pienso en mi familia como el ejemplo más cercano. A ver,  Moose es alce, su cornamenta es muy distinguible por que los cuernos no sólo crecen a lo  alto sino a lo ancho,  son enormes, pesan hasta 800 kilos,   y  lo vi hasta el cansancio en las caricaturas de bullwinkle.  Deer es venado, los juveniles tienen manchas blancas como Bambi, son de orejas grandísimas, como para acomplejar un burro, por eso les llaman Mule deer, y tienen la cola negra. Perfecto.  El caribú  es el nombre local  para designar al  raindeer, un reno como Rodolfo, bendita sea la infancia, aunque no traigan cascabeles al cuello.   A la misteriosa criatura llamada Elk, localmente se le  conoce como Wapiti y su nombre en español es uapití, un ciervo  común de Norteamérica  que sólo existe aquí y  Asia.  A veces la gente cree que Moose y Elk son lo mismo, con eso de que son primos, pero sus cornamentas son distintas no sólo en forma, las de los alces crecen a los  lados y las de los elk crecen hacia arriba y las mudan cada año como los venados.

    Saldada esta duda   había vuelto a la confianza de mis saberes hasta  que una casi noche vi un coyote en la carretera y empezó la duda porque parece un lobo aunque no es blanco, pero tiene algo de zorro, aunque no el color, y la verdad parece perro   pastor alemán  cruzado con algo muy  pero muy corriente.  Y como aquí el tema son los animales, hay que aplicarse con las jaguares (que es una pantera que parece tigre pero los que hay aquí son de color dorado) y los linces que no son lo mismo que los gatos montañeses.  Los búfalos de agua son otro tema, negros con tienen los cuernos blancos como el peinado de Oscar Wilde; los búfalos caffer viven en África y usan el mismo peinado pero más grande y negro; los más importantes son los bisones que son los bisontes, el animal sagrado para los indoamericanos, esos grandotes y peludos, con cabezas descomunales en relación a sus cuerpos, que había  entre  60 y 100  millones antes de que llegara Colón a América y  que ahora sólo hay 350 mil después de un gran esfuerzo para  evitar su total extinción.  Pero  la gente, floja para nombrar, confunde al bisonte con el búfalo, al alce con el  uapatí y a mí con una mexicana que fruta vendía, o sea con la vieja del otro día.

   Luego vienen los detalles entre el oso negro, que no siempre es negro, más bien pardo, a mucha honra,  y el oso grizzli, ambos habitantes de la zona.  Que no se les ve durante el inverno mientras toman su largo sueño pero hay que temerles en el verano y el otoño.

Están las cabras montañesas, blancas con cuernos  cortos, y los carneros que son oscuros con  cornamenta enorme y  enchinada.

   No quiero ni acercarme al tema de los pájaros, que hay más de 260 especies y todos vuelan y de chiquitos hacen pío pío. El más famoso de la zona, magpie, tiene el pecho blanco y parece cuervo.

    La marmota  es como un conejo sin orejas, muy emparentada con la  ardilla pero que es un roedor.

    Ya no quise averiguar  cómo es  el Muskox, un animal  de  la era glaciar que suelta su pelaje  los meses de calor  con el que  hacen suéteres  de quiviut  a 800 dólares el más simple.   Total que no importa cómo le haga,  aquí  no salgo bien parada.

 

 

 

martes, agosto 28, 2007

Puertas abiertas

Puertas abiertas

 

El año pasado vine de visita a esta casa sin saber que hoy estaría habitándola –comentó la mujer mientras terminaba de  darle orden a la  sala--, ni yo misma sé bien cuál es la dinámica  --explicó ante mis preguntas.

   Fue el día  que  Banff  abre las puertas de sus casas con valor histórico al público; sucede una vez al año y  el objetivo es  identificar, proteger y preservar la identidad  del pueblo.    

  La cita  fue a la una de la tarde en el Bison Courtyard, el edificio más nuevo, eco sustentable y multipremiado, llamado así porque durante su construcción  fueron halladas dos cabezas de búfalo para las que uno de los mayores de los Stoney (la tribu que habitaba aquí antes  que los indios vivieran en las reservas) hizo una ceremonia con pipa y todo para honrar al espíritu del animal. Ahí entregaron mapa y volantes informativos.

   En total 21 lugares conforman la identidad  cultural de Banff: tres museos (el de fauna hecho de animales disecados;  el de las naciones Búfalo; y el de arte contemporáneo);  tres  iglesias (presbiteriana, anglicana y católica); la cabaña que fue el primer periódico y hoy la oficina del centro Bannf; el majestuoso hotel Fairmont –al momento de construirse fue el hotel más grande del mundo--, un castillo  de 770 habitaciones, 10 restaurantes  y un Spa que un día de estos iré a visitar;  el cementerio; la cueva  (el primer  brote de agua sulfurosa que descubrieron  hace más de 100 años y que es el núcleo del parque);  la góndola (un paseo por funicular que ofrece  una vista panorámica  del sitio); el Bison Courtyard; y nueve casas privadas que fueron las primeras construcciones del lugar.

    Lo más importante de ese día era visitar las casas que sólo abren sus puertas una vez al año. Así que a la una de la tarde en punto estaba en fila para  recibir indicaciones: el paseo es individual y en determinados puntos hay pláticas  explicando  lo notable del sitio. Así fue como me enteré de la historia, incluidos los tanques de recolección de agua, las compostas y las celdas solares del mismísimo  Bison Courtyard.

     Fui la primera en  llegar a la Cabaña del Castor, así se llama la casa, construida en 1914, y  agarré a la señora sacudiendo el sillón y cerrando cuartos. Abrió dos habitaciones al público, la sala y  el comedor, y no estaba muy segura de las horas a seguir.

   --Pero usted ya con esto se da cuenta de cómo eran las paredes y el tamaño de las habitaciones –concluyó al tiempo que me daba un volante.

    Eché  un vistazo rápido y  salí. Las otras  residencias, unas ya hechas museos, algunas  deshabitadas, otra es un bed and breakfast, eran lo mismo: casas habitación de los fundadores del pueblo construidas en la primera década del siglo veinte, con objetos de  colección (platos, libros, trofeos de cacería, elementos nativos).  Nada espectacular pero que en conjunto dan  una idea  del pueblo que es Bannf: un sitio de pioneros en medio de montañas preciosas.  

   Aunque 21 localidades  suenen muchas pueden conocerse en menos de un día porque el lugar es pequeño --el centro tiene 14 calles,  su población total es de siete mil habitantes-  y su historia joven. En 1880, durante la construcción del tren se encontraron con brotes de aguas sulfurosas que declararon como reserva. El sitio se llamó Bannf como apócope de Banffshire,  Escocia, de donde el dueño de los ferrocarriles era originario, y fue el primer parque nacional de Canadá. Dicen que la relación  de los fundadores con las antiguas naciones fue amistosa,  cosa  que dudo  porque no se ve ni medio indio en la calle ni queda nada vivo, salvo el museo y la artesanía vendida a precio de joyería,  de esa cultura. En 1985 lo ONU lo declaró patrimonio de la humanidad y por ello, por ejemplo, el número de casas está limitado y nadie que no sea residente puede tener una propiedad.  Los ambientalistas temen que si crece mucho la población se afecten de manera negativa la flora y la fauna.

     Un aspecto notable del tamaño de la población es que ningún edificio rebasa los tres pisos y eso le da una dimensión  humana. No me empequeñezco  como en las ciudades grandes donde todo es escala  macro y el hombre termina siendo una enano en comparación a la altura de los edificios, el ancho de las avenidas.  Aquí todo mundo existe en la calle: las personas, los alces, los venados. Las montañas no se han convertido es cerros habitables de concreto, son antiguos y sabios seres majestuosos que protegen de los vientos. No dejo de sorprenderme que el peatón sea más importante que el auto.

    Bannf es básicamente un pueblo turístico, el más importante de la zona y eso explica lo ridículamente caro de los precios y las cincuenta tiendas en donde  venden alces, mocasines, alces, atrapa sueños, alces, joyería aborigen, joyería con amolita (la piedra local), osos, lobos, focas, alces (de piedra, de juguete, de peluche, de madera, en pintura y llaveros) suéteres de mayor a menor grosor, alces,  dulces y miel de maple, equipo para esquiar y montaña ¿dije alces? Pero lo más importante no es el pueblo sino la región, las montañas y la fauna,  y esa es otra historia que contar.

 

 

Oso de pelcuhe

 

El oso de peluche

 

A veces me caigo bien por ser tan curiosa, me gusta averiguar y según yo medio entender el panorama; otras no porque no me dejo en paz ni a sol ni a sombra. Pero así soy, de mi natural fisgona, a veces hasta imprudente, y poco puedo hacer  en contra de eso a pesar de que me esmero. La pregunta de la otra tarde era referente al oso, ¿por  qué si se le teme tanto, es un animal agresivo que ha cobrado la vida de muchos,  hay una fascinación por el oso de peluche? 

   Nada más tierno que un osito:  hablo desde los de peluche,  pasando por winnie poo,  el oso yogui,  hasta  la historia de ricitos de oro. En los motivos para infantes es un icono repetido hasta el cansancio  Y en contaste no hay animal más feroz en las montañas.   Aquí la conciencia de compartir el mismo territorio hace que se le piense en el aspecto real: las cajas recolectoras de basura  son de metal y su tapadera tiene un mecanismo a prueba de osos; cada vez hay menos animales que cazar en  el bosque y la basura es comida fácil para ellos. Se trata de mantenerlos salvajes y a los humanos lo más a salvo posible. La otra noche circuló la noticia de un osezno de un año que deambulaba por la ciudad de Cannmore (a veinte minutos de Banff), la policía tardó cinco horas en  sedarlo, capturarlo, y meterlo a una camioneta que lo  regresaría a su hábitat. Al ver las imágenes era fácil conmoverse ante su gracia para moverse, en lugar de temer al animal salvaje de 200 kilos que andaba en el jardín de algunos.

   ¿He visto a un oso de verdad?  Creo que sí pero no estoy segura, tan integrado lo tengo en el imaginario que dudo; más bien no, a qué hora, nunca.  He observado  osos polares en una triste alberca en el zoológico de la ciudad de México.  Pero a un oso grizzly creo que sólo lo conozco a través de la pantalla.   Qué criatura tan lejana y cercana al mismo tiempo. Me impresiona que  osos y hombres, ambos detractores del otro hayan aprendido a compartir espacio sin que la presencia del posible enemigo  los amenace. Qué gran misterio para mí que ni siquiera sé vivir  cerca de los fantasmas que me amenazan.

    La historia  del oso de peluche tiene apenas cien años y viene de dos lados. Por uno, el entonces presidente de Estados Unidos, Teodore Roosvelt hizo un viaje  de cacería a  Mississippi y al no encontrar osos qué cazar le consiguieron un osezno para que le disparara.  El presidente se rehusó y una caricatura política eternizó el momento. Pronto empezaron a  hacer reproducciones del oso del presidente Teodore, Teddy para los cuates, teddy bears en resumidas.  Con esta acción, política no comercial,  se  promulgó la ley de reserva y protección a ciertas zonas forestales y con ello se iniciaron los grandes parques naturales en Estados Unidos. Se trataba de querer y cuidar a los osos en lugar de matarlos.

    Por otra parte en Alemania y Suiza el oso es la identidad de las ciudades de Berlín y Berna y una viejita minusválida se ganaba la vida haciendo osos suaves  de juguete. Cuando fue la segunda guerra mundial, Alemania dejó de producir osos y  creció la gran industria del oso de peluche en América del norte que ha llevado a los niños japoneses y africanos  a querer un osito de peluche  en su cama.   

   En esta averiguación encontré que hay coleccionistas, museos (uno en Inglaterra y otro en Florida), subastas, y de marcas a marcas de Teddy bears.  Especificaciones si son para niños (sin costuras y con ojos ultra reforzados)  o de colección para adultos que no siguen las normas de seguridad.  

     Me detengo en una tienda, toco los osos de peluche, mis manos se alegran con el tacto. Qué ganas de ver uno de verdad. Qué miedo. Me pregunto qué conjuro tendré que hacer  para que las fieras animales que me  habitan  se conviertan en pequeños muñecos suaves que me endulcen la vida.

 

martes, agosto 21, 2007

Empezar a estar

Empezar a estar

 

¿Qué se necesita para estar plenamente en un lugar? No sólo aterrizar, acomodar las cremas en el baño, tener un par de conocidos,  andar las calles  de  la zona, familiarizarse con la vista, el idioma, y el tiempo. Es todo eso y más. ¿Cómo se hace un cuarto anodino mi cuarto, cómo un estudio se convierte en mi estudio, como una vida temporal y lejana a  mis hábitos, mis amados, mi geografía, se convierte en mi vida?

   Me comentó un pianista que envidiaba a los escritores porque nos es tan fácil, en comparación con ellos,  ejercer el oficio.   Desde su perspectiva tiene razón, no hay equivalente entre cargar  lápiz, papel y sentarse en una esquina  a  localizar un estudio con un piano; pero  la verdad es que  tampoco es tan así. Encontrar un lugar para escribir  puede no ser tan complicado, pero  encontrarse uno mismo, en cualquier lugar, para escribir tiene su mérito. 

     Mesas, libretas, plumas, computadoras,  enchufes, esquinas y asuntos que contar, la verdad es que sobran; pero esos momentos  en los que algo se ha digerido y finalmente sucede la claridad interior necesaria para ordenar una palabra después de otra hay que perseguirlos. No diría yo que se trata de andar tras las musas o esperar la inspiración,  sino más bien de estar. Cuando estoy  conmigo en un estado de reposo básico para encontrar paz pero de efervescencia suficiente para no adormecerme  puedo escuchar las palabras que salen de mi interior. Y ese estado de silencio interior y diálogo, de contemplación y acción,  a veces no sucede ni en el sitio más recóndito del planeta.  Así que en efecto, un escritor puede escribir en cualquier lugar donde  esté, pero donde esté él.  Yo he  escrito en las largas horas de espera en el bar del aeropuerto de la ciudad de México,  en mi oficina con un trabajador  a  lado que instala un piso de madera, en el estudio y en la sala de mi casa, en  el paraíso que es la casa del mar, en mi estudio en Nueva Delhi,  uno sitios evidentemente mejores que otros, pero aquí, en este lugar idóneo todavía no empiezo con la novela que vine a terminar.   

  Llegué al Centro Bannf para las artes hace exactamente  10 días.  Y aunque había venido todos los días a mi estudio  y había  avanzado el diario de viaje (es la primera vez que la computadora queda a más de 20 pasos de mi cama) no había podido  entrar de lleno en materia.  Puse  un calendario en el corcho de la pared  para marcar algunas actividades, colgué una imagen de la virgen de Guadalupe que traje para regalar, inflé la pelota con la que alterno  con la silla, compré un paquete de té,  abrí la computadora, saludé a  los pinos,  pero no encontraba dentro de mí  ese sitio que necesito para escribir.

    El domingo, justo a la semana de haber aterrizado,  fui a un paseo por el pueblo: una vez al año las casas históricas de la ciudad abren sus puertas para que se pueda conocer cómo fue la vida en sus inicios.  La  historia de  Bannf es la de pioneros que llegaron no hace más de 150 años, un accidente ferroviario los llevó a encontrar las aguas  sulfurosas por las que este lugar tiene su fama; las primeras cabañas,  que aún están de pie, son de espacio reducido para mantener la temperatura durante el invierno, hechas con piedra y madera, ocupadas por  gente  común; vive la presencia de los animales en los nombres de las calles; venden objetos nativos de los pies negros que moraron aquí mucho antes de que llegaran los blancos. Encontré, sin buscarlo, el contexto que necesitaba: aquí estoy, ésta es la montaña  que habito. Me di cuenta que lo que  faltaba era conectarme con el alma de este sitio: compré una vela,  recogí piñas caídas al pie de los pinos, después de mucho atender encontré dos plumas necesarias para mi altar.  Llegué al estudio e  invoqué al gran espíritu sobre una mesa: puse  las piñas y una piedra para enaltecer a la tierra, una taza con agua   para alabar a la lluvia y el río,  el par de plumas ennoblecen el aire y el viento que suena entre los árboles, finalmente encendí la vela para honrar al fuego y  al sol que sale en este lado del planeta. Tenía todos los elementos  en frente, junté las manos, dije una oración y di las gracias: aquí estoy, pronuncié despacio.  En eso llamaron una pareja de mexicanos cineastas con quienes empiezo  amistad; los invité a cenar, cociné arroz, saqué un dip de salmón.  Ellos trajeron vino y sándwiches de jamón de pavo, comimos en un ambiente íntimo  que necesitábamos para contrarrestar el ruido del comedor donde a veces sirven hasta 400 personas. Puse la mesa con lo poco que hay,   encontré unas varas secas que hicieron las veces de adorno  de centro, y por primera vez fui anfitriona en lo que en ese momento terminaba de convertirse en mi estudio.

   Finalmente empiezo a estar.   

domingo, agosto 19, 2007

Precauciones

Precauciones

 

En la parte  más alejada  del campus están ubicadas las cabañas de práctica para músicos y la colonia de los  estudios Leighton, donde se ubica el mío.  Esto es casi al principio del bosque, por tanto es el lugar más  verde, solitario y tranquilo;  también el más expuesto a animales salvajes.  Va aquí, traducida, la lista de precauciones que recomiendan.

  “Sobre osos. Camine  con la cabeza en alto y mire a su alrededor. Haga ruido. Deje saber a los osos que usted está aquí.  Si piensa hacer una excursión y va sólo únase a un grupo. Déjeles saber que se sentiría más seguro si les acompaña. Cargue siempre su spray para osos y busque señales de que hay un oso en el área: piedras y troncos volteados,  huellas o heces fecales. Si algo de esto se ve fresco deje el área inmediatamente.  Si llega a toparse con un animal muerto abandone  el lugar y repórtelo a servicios a la comunidad.

  “Si llega a encontrar un oso mantenga la clama, no grite ni se agite. Así el oso se sentirá más seguro (sic). No haga contacto  visual. Hable en voz baja y lenta. Camine hacia atrás pero NUNCA corra. Esté preparado para una amenaza o para un ataque real.  Es difícil pero importante mantener la calma en momentos críticos.

  “Si un oso lo ataca acuéstese boca abajo para proteger los órganos, separe las piernas y cubra la nuca con sus manos. Si el ataque dura más de unos minutos empiece a  pelear.  Déjele saber que usted no es presa fácil.

    “Sobre Ciervos. Hembras y machos pueden atacar en cualquier momento. Especialmente en la época de apareamiento (septiembre y octubre)  y de nacimiento de los críos (mayo a julio). Algunos de los ciervos agresivos ya han sido marcados en la oreja o con  una mancha de pintura a la altura de la cadera.  Usted puede identificar que son agresivos cuando: tienen la cabeza en alto, las orejas hacia atrás, enseñan los dientes y hacen contacto visual. Si es atacado escóndase detrás de un árbol o de cualquier objeto grande.

     “Sobre Jaguares. A los jaguares se les mira poco porque son criaturas solitarias y nocturnas. Evite encontrarse con uno viajando en  grupo y haciendo ruido. Si llega a toparse con uno enfréntelo y  camine despacio hacia atrás. Esté seguro de dejarle una vía de escape. No se haga el muerto, trate de parecer más grande estirando los brazos o cargando un objeto. Grite. Mueva los brazos o una vara hacia enfrente y hacia atrás. Si le avienta rocas quizá pueda evitar el ataque. Si lo atacan, pelee.”

              Después de leer esto  las largas caminatas  a solas, que tenía planeadas para inspirarme, se reducen a cero. Además es la época de las cerezas de las que se alimentan los osos y  constantemente hay avisos  que advierten  “oso en la zona”. Las leyendas de artistas atacados por osos o jaguares son pocas pero verdaderas.  Así que básicamente estoy en el campus y  a veces voy  al pueblo. Yo que pensaba que vivir en el D.F. era peligroso.

jueves, agosto 16, 2007

Las palabras

 

Uso las palabras para trabajar, ni duda cabe. Trato de aprovechar las que conozco y averiguar nuevas para darle dimensión a lo que digo. El  proceso, si pudiera esclarecerse el misterio de la escritura, es observar hacia fuera y hacia adentro, contener y germinar, encontrar vocablos  para nombrar aquello que me sucede y escribir. Pero ¿cómo expreso algo de lo que no tengo referencias y que tampoco  he presenciado con anterioridad?  Me explico.

     Desde mi  estudio puedo ver  unos animales simpatiquísimos que andan por el bosque.  Suben por  el tronco de los pinos, brincan de un rama a otra,  corren en cuatro patas  a modo de pequeños brincos semicirculares, como los zorrillos de las caricaturas,    se yerguen en dos patas, de color café oscuro.  Dos minutos están  al alcance de mi vista  y  se pierden. Quizá en la tarde o el día de mañana los vuelva a ver, quizá no. ¿Qué son? De lejos parecen gatos chicos y  flacos, tienen esa agilidad  para moverse y las orejas  son un  pequeño triángulo sobre su cabeza.  ¿Gatos en el bosque?  No creo, tienen la cola esponjada y ancha, como ardilla. ¿Una especie de ardilla candiense? Tampoco, las ardillas se mueven mucho pero luego permanecen quietas a medio árbol, haciendo un chasquido muy sonoro para su tamaño.  ¿Serán  zarigüeyas?  Pero la  zarigüeya es más bien redonda como ratón aunque sea un marsupial. ¿Será el animalejo ese que sale en la película Madgascar?  ¿Cómo se llama? Lemur. Busco en el Internet. No, no tiene la cola anillada, no son de color gris, no viven en Madagascar y tampoco son primates. Caramba, ¿cómo digo eso que veo? Escucho un ruido en el techo de la cabaña, asomo, dos animales  ardilla-gato-zorrilo-zarihüeya-lemur  bajan por el tronco del árbol frente a mi balcón.  Es la primera vez que los veo tan de cerca, se parecen a… un hurón.  Exacto, han de ser hurones, mis sobrinos tuvieron uno de mascota y  se parecen bastante: una especie de roedor que es más bien un mustélido, dice la wikipedia,  lo que sea que eso signifique, y hay de distintos pelajes.  Estos son hurones canadienses en su  hábitat, lo que es más: hurones salvajes canadienses.  A veces cuesta  semanas encontrar la palabra correcta para eso que quiero decir. Estaba yo feliz con el hallazgo.

    Dos tardes después me detuve  a leer un instructivo que hay en mi estudio titulado Lo que usted debe saber sobre ciervos, jaguares y osos. Explican  qué hacer en caso de encontrarse con ellos. Al final viene una nota que dice “ Va contra la ley acercarse y/o dar de comer a cualquier animal salvaje. Esto incluye ardillas, venados, aves y martas.” ¡Son martas!  Entro al Internet: son mustélidos como los hurones, carnívoros, viven en   bosques de coníferas, comen ratones de campo y ratas de agua,  son curiosas y amantes de todo lo que brilla, por eso son presa fácil:  sólo ponen un espejito en la trampa; estuvieron en peligro de extinción por la valía de su pelaje. Vaya.

   Tanta vuelta para escribir con certeza las siguientes palabras: “Desde mi  estudio, entre los pinos y el pasto, veo correr a un par de martas.”

lunes, agosto 13, 2007

Mi mejor amiga

 

 

Mi mejor amiga

 

Cuando me dijeron las condiciones de la estancia en el Centro Bannf  de las artes en Canadá las acepté sin  reparo. ¿Qué se puede alegar  en contra de lo que es regalo? Más bien agradecer, aunque no me encantara la idea de compartir cuarto por dos meses con quién sabe quién. Decidí, sin pensarlo dos veces, que fuera quien fuera mi camarada sería mi mejor amiga. No sólo compartiríamos espacio y algunas veces  ungüentos para la belleza sino nuestras vidas y confidencias. No es que me haga falta una amiga, la vida es generosísima conmigo en cuestión de amistad,  pero otra nunca sobra.  Hecha a la idea seguí con los trámites necesarios: documentos, firmas, requisitos. Casi me infarto cuando vi que el seguro médico que pedían tenía que ser de  quinientos mil dólares, yo que  me siento muy cómoda con el mío de  cincuenta mil para incidentes en el extranjero. Luego de cotejar  notificaron que el FONCA cubría el seguro  y que si quería podían asignarme un cuarto para mi solita.  Cuánto  gusto me dieron las dos noticias. Mi estancia incluye avión,  habitación, estudio, un paquete para comidas, acceso a las instalaciones deportivas y a algunos espectáculos culturales.  Las amistades, entonces, correrían por mi cuenta.

    Cuando me registré  di una tarjeta de crédito como  respaldo  para mis gastos, misma que no pensaba usar pues según yo  todo estaba incluido,  pero cuál va siendo mi sorpresa cuando  al segundo día llega una factura  por mil quinientos dólares por mi habitación individual. Me la podían dar pero con un cargo extra. Ah, dije en perfecto inglés, y como es un trámite que pasa por el gobierno y las estancias de cultura imposible  cancelarlo. Ajá.

    En cuánto a la comida resulta que tengo un presupuesto de 15 dólares diarios,  lo que me alcanza para desayuno y almuerzo o cena. Con ese dinero no puedo hacer tres alimentos al día,  digo, tampoco es que me hagan falta.  La idea es que use la cocineta que está en el estudio y ahí  me prepare algo  en mis horas de encierro, previo abastecimiento en el supermercado de la ciudad que sale de mi cartera. Cocinar me encanta pero se me frunce el entrecejo de pensar en lavar los trastes, no me gusta mojarme la manos.  Eso o meterle 15 dólares al día, extras, por mi otro alimento,  que irían a  la cuenta que sustituye a mi amiga.

      Con respecto a la ropa  ofrecen un servicio de lavandería que me sale igual comprar una blusa  nueva o mandarla lavar tres veces. Así que opto por  usar las lavadoras y secadoras que hay en el sótano del edifico donde vivo, lo cual no es ningún problema. Lo de la planchada me hace extrañar a Lola, la señora que trabaja en mi casa, y me ha obligado a  pasarme una tarde viendo la tele mientras desarrugo mis blusas. Encontré una canal de lo más entretenido que se llama “aboroginal people televisión network”. La valoración a las primeras naciones,  modo políticamente correcto de decirle a los indios, (supongo que un poco por culpa y otro por respeto), es muy notoria.   .

     Los espectáculos  a los que puedo asistir en calidad de artista, miembro de la comunidad, son los que tienen un corazoncito  señalado. Por los otros puedo pagar con descuento de estudiante y  acumular el costo  a la amistosa cuenta. La mayoría son conciertos y si quisiera todas las noches podría asistir a uno.

    Eso sí, el uso de la alberca y el gimnasio  que visito casi a diario están incluidos de manera gratuita.  Total que nunca pensé que lo que dicen los anuncios fuera cierto: a veces la tarjeta de crédito puede ser tu mejor amiga.

 

sábado, agosto 11, 2007

Las primeras 24

Las primeras 24

 

Aterricé en la Ciudad de Calgary, previa escala en Los Angeles, a las cinco de la tarde. Compré un boleto de camión para Bannf y esperé hora y media  su partida.  Dicen que Calgary es la ciudad con mejor nivel de vida en el mundo, en lo que a salud y bienestar se refiere, según la encuesta realizada por Mercer Human Resource Consulting  en la que comparó  215 ciudades y  donde el Distrito Federal obtuvo el lugar 211; la ciudad 215 es Bakú en Azerbaiyán.   En el aeropuerto vi juegos para niños en las salas de abordar; adultos mayores bien humorados  y cariñosos con tejana de color rojo en el servicio de información; peluches, llaveros, fotos,  de alces por todos lados. Había  un letrero grande sobre el deterioro de las zonas húmedas y la necesidad de cuidar el medio ambiente. La vi de pasada, modernísima, con las afueras verdes y amarillas, como las praderas del viejo oeste, ganado pastando, caballos por aquí y por allá. No sabía que fuera así.  La frontera con Estados Unidos a veces me hace difícil  imaginar  cómo es el norte más allá de las barras y estrellas.  Puse mucha atención.

   En el camino vi montañas y más montañas, verdes y grises, a fuerza de pino y piedra, enormes, una tras otra. De pronto se soltó la lluvia, recordé que vengo prevenida para varios niveles de temperatura, del calor al fresco y al medio frío, pero nada de impermeables ni paraguas.  No pude lamentarme porque justo entonces se abrió un arco iris sobre las nubes grises y atrás suyo, como fantasma, salió otro más pequeño y pálido. Guau, cuánto milagro apenas llegada, me dije. Crucé el pueblo de Banff  atenta a la geografía que pronto me será familiar. A diez minutos  está el Centro Banff para las artes. Antes de llegar nos detuvimos porque en una esquina había un siervo, grande, café oscuro, de pequeña cornamenta. ¿Será sierva o venado o bebé alce? Deer es venado, Mouse es alce. ¿Exactamente cuál es la traducción de Elk? Concluí que necesitaba de una horas intensivas de Discovery Channel.

   Diecisiete horas  después de que salí de casa llegué al lugar donde viviré dos meses.  Un campus pintoresco e impresionante conformado por varios edificios: teatro, conservatorio, dormitorios, centro de investigación y multimedia, galería, estudios, salas de conferencia, salas de vestuario y maquillaje, restaurante, tiendita y gimnasio. Terminaba la función de jóvenes bailarines y rumbo a mi cuarto vi una  decena de adolescentes, hermosas, todavía con maquillaje en la cara. Me asignaron una pequeña habitación sin el menor chiste: neutra, con lo básico, decente digamos. Algo empieza a cansarme de los muebles claros de aglomerado, imitación madera, pero pienso en el cuidado de los árboles y me resigno.Tomé un baño y dormí hasta la mañana siguiente que amanecí  entre pinos y cielo azul. Desde mi balcón se  puede ver la ventana de uno de los salones de práctica del conservatorio, a lo lejos un trompetista  estaba ya en lo suyo. Hice una inspección del edifico y la zona; tramité mi tarjeta de artista residente y desayuné en una mesa de músicos con rasgos orientales que hablaban perfecto inglés.

     A medio día me asignaron mi estudio, donde se supone pasaré la mayor parte de tiempo, ubicado en la zona exterior del campus, la colonia le llaman ellos. Es el estudio 1, Heminway de nombre, pero no por el escritor sino por el arquitecto que lo diseñó. Es una cabaña  de madera, en-can-ta-do-ra, circular,  con baño, cocineta, computadora, teléfono,  y dos mesas que dan a un ventanal  que deja ver la largura de los árboles y  muchos tonos de verde. Hay un instructivo de qué hacer en caso de encontrarse con osos, alces, y jaguares. Dan por sentado que con los venados, hurones y aves no hay problema.  Nadie humano pasa por aquí. Literalmente estoy alejada del mundanal ruido lista para dos meses de escritura intensa. Que así sea.  Enciendo mi computadora y escribo estas líneas.

 

  

 

miércoles, agosto 08, 2007

Voy-vengo

Voy vengo 1.

 

Otra vez estoy de viaje.  ¿Qué busca mi espíritu que me lleva a tantas partes? ¿Qué quiere que no pueda obtenerlo en el sitio donde vivo, en mi colchón de  doce años de edad, en mi sala vieja pero recién tapizada, en el lugar donde llegan mis amados a comer un plato  que sale del horno de mi estufa?

Escribo en mi libreta para estos propósitos, no es nueva,  tiene apuntes de Tailandia: los garabatos de mi último viaje largo. Entre sus páginas  encuentro una hoja que recogí del piso en un monasterio de Vietnam, la tomé porque  caía justo al tiempo que se elevaba  la risa de mi madre por el aire.  También encuentro un oráculo que tomé en un templo de Laos, ignoro lo que dice, me divierten la redondez y lo incomprensible de sus trazos.

  Estoy en el aeropuerto, son las cuatro de la mañana,  transcurren las horas de nadie:  no me he ido pero todavía no emprendo el viaje. Este es el momento para hacer una pausa y  preguntarme porqué mi espíritu me lleva a tantas partes. Le agradezco su impulso que me pasea como nadie. Saco el libro que una amiga me regaló de cumpleaños, empiezo a leer pero más bien quiero escribir.  Tomo el cuaderno, sonrío cuando recuerdo a mi amigo Xavier: “Que tú finalmente tengas tiempo para escribir no quiere decir que yo tenga todo el tiempo para leerte”, dijo cuando nos despedimos una semana antes de partir, “mándame tus textos, veré si puedo seguirte el paso”.   Voy a escribir a Bannf, de eso se trata esta experiencia  de casi tres meses. Qué poderosas  las palabras que me llevan hasta las montañas del norte del continente.

   Frente a mí una mujer que también viaja sola me sonríe, ambas vestimos pantalón, saco y zapatos negros,  el uniforme de las viajeras, sólo que ella usa zapatos de tacón  con los que yo jamás andaría una cuadra.  Rumbo al avión miro a una mujer joven andar con el vestido de novia puesto. Contrasta la prisa de sus pasos, la mochila en su hombro, con la vestimenta blanca que arrastra por el pasillo atestado de gente. Casi todos se vuelven a mirarla con un gesto cómplice. Ese sí que  es otro viaje, refelxiono.

    Tomo  asiento en el avión, sostengo la pluma y empiezo a escribir. Ya empezaron las preguntas. Abro los ojos y el corazón: espero las respuestas.