lunes, noviembre 20, 2006

Puente Colgante 21

Los primos

 

México e India se parecen, comentan varios.  No diría que se parecen si no que están relacionados, tienen cosas en común, como si fueran primos lejanos, explico  para no terminar  con que Chimalhuacán y  el sureste de India son igualitos y aquí la bruta pagando boleto avión y pasando mil hazañas con el idioma, el clima  y el dengue, para estar como en mi casa.

    Pero sí,  es cierto, tenemos mucho en común.

  Somos países de culturas múltiples uniformados por conquistadores.  India conservó sus muchos idiomas y el inglés lo indianizó, conservó sus dioses, su ropa, su comida. Era claro el interés económico de Inglaterra y básicamente a eso se dedicó.  Los españoles, con el pretexto de sacar el diablo que llevábamos dentro, se empeñaron en borrar nuestra cultura: construyeron templos encima de los nuestros y mataron a los que no se convirtieron: muertos los dioses  podía desaparecer  el idioma y todo lo demás. Hubo un  mestizaje promovido por ambos elementos que en India no se dio porque  ni entre  castas se mezclan. 

   Igual que en México cada región tiene su gastronomía, modo de vestir y especificidades de lenguaje y costumbres.  Hay muchas Indias de la misma manera como el  México de la Capital, el de Oaxaca y el de Tabasco son distintos pero uno mismo. La India de la que escribo es básicamente la de Nueva Delhi. Calcuta es una ciudad más cosmopolita y arquitectónicamente atractiva con una gastronomía de primera; Chandigard es una ciudad nueva de calles amplias, zonas verdes y muy pocas vacas en los camellones; Agra es un lugar tan turístico como Teotihuacan.

   Nuestros hábitos alimenticios se parecen: el equivalente  al arroz, tortilla y frijoles es arroz, chapati y lenteja.  Desayunan guisados que pueden servirse de comida o cena, toman  té dulce como nosotros tomamos  café de olla. Nuestras comidas son picantes  y ricas en salsas.  El postre más típico de aquí parece buñuelos individuales.

      Las mujeres son morenas, de pelo largo y negro, visten faldas a los tobillos y se cubren con pachminas. La diferencia es que en México se usa el rebozo.  Los hombres son bigotones y morenos como la mayoría de los hombres mexicanos del campo. Una india puede pasar por mexicana y viceversa.

     La familia es igualmente importante en nuestra vida: la nuclear y la extendida. Las abuelas ayudan con la crianza de los nietos y terminan sus días en casa de los hijos. La religión es central en nuestra vida, aunque yo diría que en India mucho más y de un modo más evidente en la vida práctica. Pero de la misma manera como se encuentran altares a la virgen de Guadalupe en las calles y pasean imágenes de santos en los carros, aquí sucede con autoridades locales.

    A eso se le puede sumar el color de las telas, el trabajo con el barro, el caos en las calles, la contaminación,  el tráfico. Nueva Delhi me recuerda al Distrito Federal hace treinta años.

    Explico que quizá se deba a que estamos en la misma latitud, crecen productos similares, enfrentamos climas parecidos aunque en México no tan extremosos.  También puede ser  que  el error de Colón fuera más una intuición que otra cosa. Supongo que el poder de las palabras algún efecto ha tenido  al nombrar a nuestros antiguos mexicanos como indios.

      Sí, nos parecemos, como primos hermanos, termino aceptando.

 

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