viernes, octubre 20, 2006

Puente colgante 9

 

Ellos

 

Extrema precauciones, recomiendan todos.  India no es un lugar seguro para  mujeres locales ni extranjeras. Desde coquetos hasta violentos, en todos los tonos imaginables. Cuido no enseñar brazos, piernas, ni debajo de la v del cuello; no me expongo ni en lugares ni horarios. Los observo. Los actores, los modelos, son de una belleza impresionante: morenos, varoniles, de ojos luminosos de tan negros,  labios de ensueño. No hay bocas más perfectas, qué bruto. Los que conozco son más bien normales, dueños de sus genes, aromas  y acentos, perfectamente indios, amables, sonrientes, coquetos y distantes al mismo tiempo.  Los de  la calle son otra cosa,  la mayoría de bigote, ceja tupida, los muy amigos andan tomados de la mano,   delgadísimos,  usan arete en la nariz y en la oreja,  los mayores echan barriga dura y redonda, como de embarazo,   se pintan las canas con hena  en una estética que nada más no comprendo.  Hay apuestos y muy feos, como  en todas las razas. Si a los guapos se les añade el trapo en la cabeza,  la chancla de plástico, la Kurta  gris de tan sucia, el tinte rojo en los labios por el tabaco que mastican, la belleza masculina se convierte en una cuestión  más bien  abstracta.  Se les ve sentados en la espera de los camiones, acostados en una banca, platicando en los porches, pedaleándole duro al rikshó. Les encanta el cricket y el baile.

       Fui a comprar chales, el dueño era un hombre muy guapo, de Cachemira. Cuando me preguntó si estaba casada  me vi  inventando el cuento chino a lo indio de que mi marido trabajaba en  HSBC y mis hijos entran a la universidad este año.  ¿De verdad protegen las mentiras?   Otra vez la misma pregunta con un taxista. Le dije que estaba casada pero no tenía bebés porque no podía.  Para qué explicarle más detalles.  Hizo cara de Dios nos valga y casi detiene el coche de un enfrenón. En ese mismo momento me explicó del gurú al que  reza, que gente va  de todos lados del mundo porque es mi-la-gro-sí-sí-mo, (eso entendí que dijo en hindi), que si le permitía en ese momento me llevaba a rezarle y que estaba seguro de que en menos de un año yo tendría un bebé en mis manos. No adentro sino afuera. Esas fueron sus palabras.   Al siguiente hombre que me preguntó  generales  opté por decir  la verdad. Malo. El ojito se le puso como de perro de peluche que venden en los semáforos y me invita a todos lados. Las fantasías de los locales con las extranjeras  es mayúscula, con la represión sexual de esta sociedad.  ellos piensan que les tocará una sesión de sexo intensivo como nunca en su vida.   Una amiga nueva  me ofreció la solución. Eres viuda, y eso es de mal agüero  porque quiere decir que eres una es mata maridos. Y pues sí, santo remedio. Funciona como repelente.

   En una reunión conocí a un hombre encantador, guapo, culto, simpático, de mis años.  Pertenece a la realeza, me chupé los labios; es viudo, me enchiné la pestaña; se rumora que fue él quien mató a su mujer aunque nunca pudieron probarle nada. Me dirigí a otro lado.

     Esta es una sociedad patriarcal en donde se adora a las diosas en los templos y a las mujeres de la casa se las trata con los pies, por decir lo menos. Las historias de violencia de género son tan espantosas como en mi país. Qué demonio los habita, me pregunto, cuando los miro tan tranquilos y sonrientes. Hay de todo, me consuelo. He conocido a hombres de primera, el dueño de la fundación en la que estoy, por ejemplo, es un tipo extraordinario pero no es un hombre común.  De cualquier manera no quiero saber mucho más de ellos, me protejo con ropa y mentiras de su cercanía, sólo los observo.

 

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