lunes, octubre 16, 2006

Puente colgante 8

 

 

 LA CRISIS DEL MES

 

Creo que ya podría empacar, me dije. Justo acababa de cumplir un mes y el sabor de la comida empezó a hartarme, ya no  me reía tanto de todos los gajes del idioma, ni me causaba tanta fascinación este mundo. Además me sentía rara, mal, con una gripa que no acababa de serlo, y de la que tampoco salía. Sudaba  por las noches a modo de mojar la sábana  y en el día el aire del ventilador lastimaba mi piel. Sin ventilador me estaba asando.  Así que afiebrada, con dolor en los ojos, extrañando mucho a mis amados y con una tristeza que no dejaba de crecer pensé que podría regresar  a mi casa y a mis cosas. En eso volví el estómago y me fui a la  cama con el principio de una diarrea sin cólico.  A  la mañana siguiente la febrícula se declaró fiebre y no pude desayunar,  ya no le vi cara de gripa al malestar que me estaba abrazando. Saqué el antibiótico. Pero después de 24 horas todavía tenía fiebre y empezaba a estar débil. Me siento  como la ciudad de Nueva Delhi, dije a mis compañeros, no sabes si la están construyendo o destruyendo.  Hice un par de llamadas y para esta tarde hice cita con una doctora en el mejor hospital de la ciudad que se mira a la altura de cualquiera otro del mundo. No hice cita antes porque cuando te sientes mal no piensas, y como no piensas no te das cuentas que no estás pensando, aunque suena a cantinflazo.  Cuando llegué al consultorio vi que me empezaba una urticaria en la piel.  La doctora me revisó, cambió el medicamento,  mando a hacer  exámenes de sangre.  El resultado fue de leucocitos altos y plaquetas bajas. Otros exámenes: menos plaquetas y positivos los anticuerpos del dengue.   La urticaria de la piel no me dejaba ni descansar sobre la sábana. Me sentía fatal. Hablé a mis papás, estaban por venir si era necesario ya que una opción era internarme un par de días en el hospital  para evitar deshidratación  y quizá para trasfundirme una unidad de sangre porque bajaban constantemente el número de plaquetas. No fue necesario.

    En esos días recibí flores, libros, llamadas y visitas de mis nuevos amigos. Qué regalo de la vida es la amistad que florece en cualquier lado, que hace más alegres los momentos de dicha y  acompaña en las horas tristes.

     Una vez pasados los días peores entré al Internet a buscar sobre dengue. Qué bueno que no supe todo eso mientras me sentía mal. Me enteré que hay dos tipos de dengue:  uno que produce hemorragia interna y quizá la muerte, y otro que no. Por fortuna el mío fue del segundo que entre sus características produce llanto continuo.

   Con los medicamentos inmediatamente empecé a sentirme bien, de hecho ya no tengo ningún síntoma.  Como la dieta que llevo aquí  es vegetariana y hace un mes que no como proteína animal  ya compré un licuado enriquecido con minerales que bebo dos veces al día, además de que salgo tapizada de repelente de mi cuarto. He suspendido mis caminatas matinales y vespertinas que son las horas de menos sol pero en las que los moscos atacan con fuerza.

     Ahora viene una recuperación  de muchas horas de sueño y agua para que el cuerpo se reestablezca. En 10 días se supone que estaré como nueva. De cualquier manera en la tarde voy a otro examen de sangre para estar monitoreando el avance.  Tomo las cosas con muchísima calma, me ha vuelto el gusto por la comida y aunque extraño estoy contenta aquí, todavía con mucho por hacer, con ganas de quedarme.    

 

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