miércoles, octubre 25, 2006

Puente colgante 11

 

 

 

Los animales

 

El respeto por la vida de los animales en India es un ejemplo para todos aquellos preocupados  por la conservación de las especies. Y sin embargo tienen sus muchos bemoles.

   El  noventa por ciento de la fauna está relacionada con la mitología y por tanto hay que relacionarse con ella como lo que es: una manifestación más de lo sagrado. La   reses son sacras porque sus cuernos  recuerdan al bastón que usa shiva y no  sólo no las comen sino no las matan. Cuando las vacas terminan de producir leche, sus dueños, incapaces de seguirlas manteniendo  y de acabar con ellas, las dejan sueltas en la calle. Viven en los camellones, comen basura, y esperan el fin de sus días. El espectáculo de verlas  en los basureros es tan impresionante que una amiga dice que sospecha que las pronto las usarán como arma biológica.  Cuando mueren, eso sí, a todos les interesa su piel para hacer zapatos.

   Afuera de mi cuarto  había un nido de avispas, ni para qué decir del DDT ni nada parecido. En este mundo cabemos todos  y si llegara el momento de decidir entre  ellos o nosotros la cuestión no sería  fácil: más bien que sobreviva el más fuerte. Finalmente convencí a un empleado que prendiera  una fogata cerca de mi habitación  para que ellas solitas se fueran con el humo. Funcionó.  Hace poco hubo una epidemia de dengue.  Un par de años atrás, en estas situaciones extremas,  pasaban camiones y rociaban contra mosquitos pero ya no sucede más  porque sirve poco y porque ¿qué no son ellos también seres con espíritu?

   La cosa se pone pintoresca cuando en el centro de la ciudad  grandes changos se cuelgan de los cables de teléfono y  brincan de terraza en terraza buscando algo que robar. En la calle los perros  ladran  y hasta las ratas se esconden con  la jauría  que anda tras los  changos. Dentro de la ciudad vuelan halcones, parvadas enormes de pericos y en las afueras se ven  pavo reales  a sus anchas.

    El concepto de mascota no  funciona entre los hinduistas porque cómo saber si el perro que vive en tu casa no es un violador que por castigo reencarnó en perro y uno no va a atender amablemente, o al contrario será tu  próximo marido y ni modo de no darle de comer de tu plato. Así las cosas que mejor cada quien se rasque con sus uñas. Pero si un animal llega al lugar donde vives, eso ya es otra cosa.

   En el centro donde vivo hay un perro  que adoptó el sitio como su casa y le dan de comer a diario. Una de las primeras mañanas encontré sangre en el piso y me dijeron que el animal estaba enfermo y viejo, que se iba a morir pronto. Ojalá así hubiera sido. El perro en efecto está viejo pero tiene una herida en la cola que se convirtió en  gangrena y que ya afecta todo el cuerpo. El perro no puede ni caminar  ni echarse, en su cara hay  mucho dolor.

    --¿Qué no pueden ponerle una inyección?

    -- Sí – me dice la coordinadora con  los ojos aguados. Ella quiere al animal  y  sabe que es mejor ponerlo a dormir.

      Pide a uno de los trabajadores que llame al veterinario y él se niega a hacerlo, siente que sería tanto como él mismo matarlo. Así las cosas ninguno quiere llamar al veterinario, ninguno quiere curarlo, sino dejarlo ahí a que se muera literalmente como lo que es. Yo no tengo ningún afecto por el can y si a nadie le importa yo puedo ayudarlo a morir. Todos están de acuerdo.  Sólo tengo que buscar  teléfonos y llamar. La  coordinadora habla con un veterinario amigo. Dice que tendremos que llevarlo ambas,  nada más  imaginarme subir el perro al coche  me hace sufrir.

  --¿Qué no puede venir el chingado doctor?  --digo en español y nada más traduzco lo del doctor.

     Ella hace más llamadas, finalmente encuentra una agrupación  que ayuda a bien morir a los animales. Pueden venir por el perro, pero será hasta dentro de dos días porque estamos a medio festival y la cosa se complica. Recuerdo la primera vez que sucedió en mi vida: una cachorra callejera simpatiquísima resultó ciega: Samantha. Mamá me explicó que los perros no necesitan sufrir, yo pensé que hablaba de ir a la escuela para ciegos, la llevó al veterinario, volvió con los brazos vacíos. Me explicó cómo sucede pero no quiso que yo estuviera ahí. Muchos años después  puse a   dormir a Nedra, mi perra weimaraner.  Sostuve su cabeza en mis piernas,  recé un padrenuestro,  le di gracias por los  13 años que vivió conmigo, le dije que iba a ir al cielo de los perros y que iba a ser muy feliz persiguiendo gatos y la sombra de las mariposas.  La noche anterior a que llegaran los del servicio soñé con Daria, mi perra que dejé en México, que tenían que dormirla y no se atrevían a decírmelo. He pensado poco en ella, no he querido hacerlo. La extraño sabiendo que está enojada conmigo y que me castigará con el látigo de su desprecio cuando vuelva a México. Sueño que le digo a Daria, Vete con bien , tendrás  mejor vida. Despierto. No sé qué decir a este animal. Finalmente lo veo partir.    

 

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