miércoles, septiembre 27, 2006

Puente Colgante IV

La comida.

 

   Somos lo que comemos, dicen los que saben. Y tres veces al día, todos los días, el alimento de un país lo define como economía,  cultivo y comida.  La comida india es variadísima por región, religión y especias. Pero si hubiera que reducirla, sin mucho esfuerzo, a una sola palabra sería curry que  en mexicanísimo español quiere decir salsa.

     La habilidad de mezclar hierbas y especias para después hacer un caldo,  sabiendo sus propiedades no sólo curativas sino térmicas y gustativas,  es lo que define, en mi opinión, la cocina India. Su sabiduría reside en sus muchos  currys y  sus razones.  Lo de las cualidades térmicas es muy importante desde el punto de vista ayurveda. En un clima tan extremoso como éste mantener balanceada la temperatura corporal no es cosa menor en tremendos calorones, humedades pegostiosas del mozón y el frío del invierno. Si esto se logra el cuerpo se mantiene libre de la mayoría de las enfermedades. 

    Así, sentarse a comer es honrar a los dioses, nutrirse, cuidar el metabolismo y gozar de lo lindo una comida intensa y colorida.  Será porque estamos en la misma latitud que la mayoría de las frutas y las verduras que se ven en el mercado aparecen en los tendajones de México.  Cuando digo que soy mexicana muchos celebran mi nacionalidad porque dicen que nuestras comidas son similares. Si arroz,  frijoles y tortillas son la dieta básica  del mexicano, en India  tienen su equivalente en arroz, lentejas y chapati (ese pan en forma de tortilla). Lo demás es añadidura: un guiso en salsa.  Y aquí el añadido es  una verdura guisada con curry cuando se es hindú. Los siks y los musulmanes comen carne así que puede ser pollo, pescado o cordero.   Todo esto servido al mismo tiempo, en un solo plato, comido sin cubiertos con la mano, ayudados por el chapati.  A veces se acompaña yogurt para facilitar la digestión.

       El polvo amarillo que ha dado la vuelta por todo el mundo como el único curry  no lo es. Así como  existe una gran variedad de  salsas en nuestra comida,  aquí hay de currys: de mango, de coco, de espinaca de menta de espinaca, de tamarindo, de yogurt,  de jitomate, de especias mixtas (masala) y el amarillo  que tendría su equivalente  en el mole: chiles y especias reducidas a  una pasta  con que se baña casi cualquier alimento. .  

En lo que más variedad he visto es en los postres: arroz con leche, buñuelos, mazapán de pistache, gelatina con frutas, porque si hay algo que les encanta es el dulce. 

 Me impresionan 3 cosas: que la leche sea  de búfalo,  lo fino que pican las verduras y que el agua de limón se mezcle con sal negra que además da darle  un sabor agridulce  y delicioso  funciona como suero.    

Qué desayuno:  un plátano y arroz o pasta con verduras. Para la comida: arroz blanco, lentejas, chapati,  una ensalada de verduras frescas,  y alguna verdura guisada con curry. El postre no falta y tampoco lo perdono. Para la cena: arroz blanco, lentejas, chapati, y alguna verdura cocida con o sin curry.

    A todo esto hay una buena noticia: el arroz me encanta en todas sus formas así que no me cuesta nada de trabajo seguir la dieta. Dosha o no dosha, con dioses o sin ellos,  literalmente como como en mi casa: arroz,  tortillas,  lentejas en lugar de fríjol, curry amarillo en lugar de salsa verde. Todo esto en un ambiente milenario y místico  que no por eso ahuyenta mis fantasías eróticas con una gorda de chicharrón. Y es que también somos, digo yo, lo que no comemos.

 

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