jueves, septiembre 21, 2006

Puente Colgante III

 

 

Telefonía celular

 

Me cuesta menos trabajo entender que el padre, el hijo y el espíritu santo son un mismo a que los celulares incluyen varios aparatos electrónicos en uno. Quien los sabe usar, menos del 2 por ciento de los usuarios, supongo,   encuentra al alcance de su mano agenda, directorio telefónico, álbum de fotos, cámara, reloj, despertador, calendario, música, juegos, calculadora, correo electrónico, chistes, horóscopos, noticias, reporte vial, documentos en Word, entre otras monerías.    Para los mortales que no optimizamos el uso de esta maravilla, un teléfono es sólo un teléfono y tontamente  cargamos, además, con  mp3,  cámara,  agenda y computadora, cada uno con su respectivo cargador.  La elección del modelo del teléfono, para quien saca provecho del aparato, atiende no sólo  diseño y conectividad sino  servicios y  bandas con que cuenta. Esto de las bandas recién lo aprendí cuando traté de activar mi teléfono para que funcionara  en el extranjero. Cada país opera con distinta frecuencia de kilohertz. El teléfono más simple tiene una banda, el más completo es cuatribanda y sirve para casi todos los países del mundo.

   No tenía ni 24 horas de haber llegado a Nueva Delhi cuando la persona que facilita mi estancia sugirió que tuviera un  número celular local. No comprendí la prisa pero me dio gusto explicarle que sólo tendríamos que cambiar el chip porque el equipo recién conseguido era apto para este lugar. Cuál va siendo mi sorpresa que al instalar  la tarjeta sim el teléfono no funcionaba porque había que quitar el código del país e insertar otra clave que por supuesto ignoro. Tanto escoger modelo para terminar comprando un paquete tipo amigo que incluye aparato y 900 minutos de aire por  300 pesos.   Las chicas que me atendieron en la tienda de airtel, así se llama la compañía local, eran unas Indias preciosas de kojol en los ojos y hena en las manos  con pantalón negro y una filipina beige que minimizaba su belleza en aras de la globalización.

  Creo que  más que la computadora la  telefonía  celular ha tocado directamente la vida de la sociedad:  casi cualquiera tiene acceso a ella, los planes son cada vez más económicos y no se necesita ningún tipo de educación ni entrenamiento para usarlo.  Desde  ejecutivos  hasta  campesinos, todo mundo  en pocas palabras, quiere y tiene un celular. Analfabetas que sólo hablan un dialecto  también son usuarios.  Mucha reflexión, pensé el primer día con teléfono en mano, pero la verdad es que nadie me va a hablar y no tengo necesidad de hablarle a nadie.

   A la semana ya tenía un directorio con 22 contactos, 6  de los cuales son taxistas.  Cuando salgo del museo, por ejemplo, llamo,  digo que estoy lista y un minuto después están a la puerta por mí.  También aparecen los números de la gente de la oficina, la embajada,  otros artistas.   El día de ayer mi teléfono no dejó de sonar a media tarde y ya hasta recibo y contesto mensajes de texto con nuevos amigos.

   Como nota final agrego que cuando pregunté si le interesaría aprender a leer y escribir  a un muchacho que es analfabeta  contestó que realmente no lo consideraba importante. Si hubiera nacido 20 años antes lo hubiera necesitado  para estar en contacto con familiares y amigos pero  gracias a los móviles   con saber poner su nombre en los documentos oficiales  bastaba. Esta misma persona una noche llamó a mi teléfono para avisar que la cena estaba lista, le dio flojera caminar 20 pasos  como lo hace siempre y nada más a la mano que marcar un número.

 

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