domingo, agosto 20, 2006

Sobre la ciudad y las elecciones

Lo que  sucede a la Ciudad de México es una metáfora magnificada de lo que sucede en todo el país.

Quienes la habitamos sobrevivimos a pesar del tráfico, la violencia, la desigualdad, el ruido, las marchas, los plantones, las fallas en la infraestructura, la corrupción, nosotros mismos y nuestros gobernantes (sea de la tendencia que sean).  Hay quienes sobrevivimos mejor que otros y hay muchos que mueren  por cualquiera de esas razones.

  En mi opinión, la vida colectiva debe estar diseñada para que la mayoría ( me refiero a número de personas) vivamos lo mejor posible. La ciudad  no ofrece esto, tampoco el país: ahora y desde hace mucho. El aguante es enorme y así han pasado años.

  En esta crisis postelectoral se han juntado inconformes de todos los tiempos y ámbitos a la voz de Lopez Obrador.  Finalmente hay un líder que representa y lucha por una mayoría que no tiene posibilidades de mejorar su vida. El líder, en lo personal, no me cae bien: creo que es un radical de primera más abusado que inteligente,  menos efectivo y veraz que lo que canta. No importa. La historia la hacen los radicales, los que se atreven, y  esa  historia se ha hecho a golpes y sangre.

  Por otra parte, hay cientos o miles de inconformes con  López Obrador y lo que encabeza. Sin embargo, con razón o sin ella, carecen de un líder, de valentía, de compromiso con sus ideas  y con México.  Las quejas en cafés y en correos electrónicos son numerosas, ninguna es lo suficientemente fuerte o sólida como organizar una respuesta,  para llevar  a la  acción que no sea cibernética.

  Me  molesta lo que sucede en la ciudad, en el país: me duele ver en lo que nos hemos convertido. Pero  duele más la apatía de los que no hacemos nada.  Así pues que México sea de quienes se comprometen con él y con su gente, de los que luchan,  sean de la lado que sean y duélannos a quien nos duela.

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