lunes, agosto 28, 2006

Lo que pasa en México

Lo que pasa en México es que finalmente sucede algo. Los mexicanos tenemos una tolerancia aberrante a la realidad  que  se convierte en apatía, flojera, adormecimiento. Y entonces aquí nunca pasa nada:  ni con el enriquecimiento inexplicable de Montiel, ni con la pedofilia del gober precioso Marín, ni con la corrupción de   Ahumada, Bejarano y anexas, ni con el caso Bribiesca,  ni con la pauperización de millones de conacionales, ni con la migración,  entre muchos otros  escenarios.  Ahora con  el conflicto postelectoral finalmente está pasando algo.  Y esto es así por dos razones: por el supuesto fraude electoral al que se le suma la injusticia social de décadas,  y porque hay un líder.  Lo del fraude electoral es posible y  probable que haya habido tal, porque lamentablemente  la corrupción  es una práctica común. Que haya un líder en el país es  casi inédito porque si hay algo de lo que carecemos los mexicanos  es de eso: de hombres con fuerza y convocatoria para que otros se sumen a sus posturas.

   Quiero decir que no voté por López Obrador porque no  me parece que tenga las características que requiere un dirigente político en estos momentos históricos. Tampoco voté por el PAN, me chocan sus mocherías y conservadurismos,  el papel de Fox ha sido deleznable y Calderón no pinta para mejores. Se trata de construir alternativas y por eso  mi apoyo fue para  Patricia Mercado como candidata y como partido. 

    Que no haya votado por López Obrador no quiere decir que no admire al líder carismático que es, la capacidad de organización que tiene (con darse una vuelta por el plantón  y asistir a un discurso basta para darse cuenta)  y el respaldo que ha conseguido (a nivel de intelectuales, pequeños empresarios,  y número de simpatizantes). Dudo del lugar a donde va a llevar este movimiento de resistencia civil que parece animado por las vísceras y no por una estrategia. Lamento  la suerte de los trabajadores y empresarios (grandes y pequeños) del centro histórico. El PRD va por los pobres y está haciendo más. Lamento, también, que nuevamente la izquierda se divida. Ahora que era (es) una fuerza política importante, la segunda del país,  va perdiendo crédito y apoyo por la falta de negociación de López Obrador.  AMLO dice que los principios no se negocian, tiene razón, que con  dignidad  y razón se gana la batalla, no estoy tan segura.  Será que en mi vida personal he ganado más cuando negocio que cuando voy por todo y quedo con muy poco. 

    ¿Qué nos queda? Organizarnos. A la sociedad civil que se queja de todo lo que sucede pero que no es para vestirse de blanco, encender las luces del auto, portar una  pancarta que diga De ciudadano a Ciudadano, cuando es convocado. Nunca como hoy la política requiere de todos, a los que les interesa y a los que no, nuestros gobernantes están rebasados y discapacitados para enfrentar estos tiempos. Somos nosotros lo que tenemos que entrar al ruedo. Y si eso está pasando en México, salir del adormecimiento a la fuerza, estar pendientes de la situación política y exigir que quienes detentan el poder tengan un mínimo de decoro, valores y visón democrática, me parece bien. Que pase algo  para salir de esta manera de vivir mediocremente, injustamente, es algo que vale la pena  para movernos, todos, hacia una mejor y más participativa sociedad.

 

domingo, agosto 20, 2006

Sobre la ciudad y las elecciones

Lo que  sucede a la Ciudad de México es una metáfora magnificada de lo que sucede en todo el país.

Quienes la habitamos sobrevivimos a pesar del tráfico, la violencia, la desigualdad, el ruido, las marchas, los plantones, las fallas en la infraestructura, la corrupción, nosotros mismos y nuestros gobernantes (sea de la tendencia que sean).  Hay quienes sobrevivimos mejor que otros y hay muchos que mueren  por cualquiera de esas razones.

  En mi opinión, la vida colectiva debe estar diseñada para que la mayoría ( me refiero a número de personas) vivamos lo mejor posible. La ciudad  no ofrece esto, tampoco el país: ahora y desde hace mucho. El aguante es enorme y así han pasado años.

  En esta crisis postelectoral se han juntado inconformes de todos los tiempos y ámbitos a la voz de Lopez Obrador.  Finalmente hay un líder que representa y lucha por una mayoría que no tiene posibilidades de mejorar su vida. El líder, en lo personal, no me cae bien: creo que es un radical de primera más abusado que inteligente,  menos efectivo y veraz que lo que canta. No importa. La historia la hacen los radicales, los que se atreven, y  esa  historia se ha hecho a golpes y sangre.

  Por otra parte, hay cientos o miles de inconformes con  López Obrador y lo que encabeza. Sin embargo, con razón o sin ella, carecen de un líder, de valentía, de compromiso con sus ideas  y con México.  Las quejas en cafés y en correos electrónicos son numerosas, ninguna es lo suficientemente fuerte o sólida como organizar una respuesta,  para llevar  a la  acción que no sea cibernética.

  Me  molesta lo que sucede en la ciudad, en el país: me duele ver en lo que nos hemos convertido. Pero  duele más la apatía de los que no hacemos nada.  Así pues que México sea de quienes se comprometen con él y con su gente, de los que luchan,  sean de la lado que sean y duélannos a quien nos duela.

jueves, agosto 10, 2006

No entiendo la guerra

Así de simple. No la entiendo porque no le quiero dar cabida en mi corazón.

Sé de los ideales y las injusticias, de la lucha por conseguirlos y sacudirse de ella, de las faenas históricas en su búsqueda. Aún así, para mí,  nada vale las vidas y las tragedias que genera. Sobre todo, porque como arma para la paz, es un fracaso absoluto. Eso la historia lo demuestra.

Sue Monk Kid

Hace un par de meses leí la novela The secret life of bees, de Sue Monk Kid. Es un prodigio. Un día antes leí el capítulo primero y la segunda noche que decidí dedicarle media hora antes de dormir, me dieron las 4 de la mañana. NO la pude dejar. No sólo es la trama sino la metáfora y la reflexión: mujeres, animales, diosas. Los temas que más me gustan en una novela bien tejida y profunda. Ojalá pronto esté en español. Por culpa de ese libro llegué a la novela The mermaid chair que aunque buena no tiene el nivel de la primera. Y justo estos días acabo de leer, de la misma autora, The dance of the disident daughter. Es un ensayo autobiográfico de la búsqueda de la espiritualidad femenina. Muy bueno y esclarecedor para quienes creemos que es el tiempo que se  oiga la voz de las diosas.